domingo, 19 de septiembre de 2021

DIARIO DE LA QUINTA OLA.


23 de Julio de 2021. “Annus horribilis”, ríete tú del de la reina Isabel II del Reino Unido.

Tristeza y rabia, o rabia y tristeza, no sé cual de la dos echar por delante, como dicen los toreros, pero creo que una es consecuencia de la otra, así que casi da lo mismo el orden.  Siento rabia, mucha, por la situación que tenemos que soportar, no solo yo, sino el resto de mi familia más cercana, y no creo que hayamos sido tan malos como para tener que purgar este castigo. Entiendo que hay una cosa indudable en esto de la vida, que es el tener que ocuparse de tus mayores porque también ellos se ocuparon de nosotros cuando éramos tan dependientes como lo son ellos ahora.

Yo desconozco si llegaré a esas edades ni si seré tan, digamos desobediente con los que tengan la desgracia de ocuparse de mí. De ahí que ahora se me antoje tan difícil el batallar a cada momento para evitar males mayores que, a no dudar, están a la vuelta de la esquina y ellos no quieren o no saben ver. Y yo tengo un temperamento que es incompatible con la mínima dosis de paciencia necesaria para llevar esto.

Lo intento, costándome una enormidad, pero llega un momento en que no puedo más y salto, a pesar de que, como me ha dicho hoy mi amiga Pili, respiro hondo, pero creo que cuanto más hondo respiro más profundamente entra la amargura. Y tengo ganas de llorar. Y lloro, no lo que debería pero si un poco. No es justo, pero es lo que hay, como bien dice Montse, a quien, muy a mi pesar, le alcanzan los daños colaterales. Mientras que otros, con mayor obligación, tomaron las de Villadiego hace años y eso, cuando se te calienta la sangre hace que hierva sin añadir más fuego.

Escribo para desahogarme. Me sirve un poco como válvula de escape. Pero como siempre me pasa, la inspiración me llega por las noches cuando ya estoy en la cama y no puedo poner por escrito todo lo que me viene a la mente, y creo yo que debe de ser por culpa de las Musas, esas que se supone le calientan la cabeza a uno. Pero deben de ser más o menos como mi hija María, que duerme de día y vela de noche, con lo cual no hay manera humana de llegar a buen término.

Y mira que compongo cada ripio en mi cabeza que, de poder escribirlo llenaría un par de hojas al menos, pero no me he decidido todavía a levantarme y ponerme a escribir. Ahora me cuesta el doble escribir la mitad. Y encima es muy prosaico. Con lo rimbombante que me sale tumbado y lo soso que queda ahora.

Ahora estoy solo, no he encendido siquiera la televisión y, a pesar del calor reinante no estoy demasiado mal. Tranquilo de momento, que mañana por la mañana vienen mal dadas, como cada día; pero en estas horas solamente tengo la desagradable molestia de ver a los malditos bichitos que pululan día y noche por la casa, saliendo de todos los rincones inimaginables. ¡Y como corren los cabrones….!.

Creo que nunca he sido mucho de aceptar eso del Más Allá; ni como premio ni como castigo, y cada día me ratifico más en mi pensamiento porque ni soy tan bueno como para alcanzar la gloria eterna ni tampoco para arder en el más profundo de los infiernos con un demonio pinchándome en el culo para que me haga vuelta y vuelta sin pasarme. Vaya, lo que los anglosajones llaman “medium rare”. La vida es un tránsito que a cada uno se le reparte según van llegando, porque de otro modo no entiendo el criterio que se sigue para que unos vayan sobrecargados de bondad llegando a ser tontos del culo, mientras que otros no merecerían ni respirar.

Y conozco alguno de los dos tipos. Para variar, mezcladito, y así no nos aburrimos.

Y yo, ante todo y sobre todo, tengo que reconocer que soy un privilegiado; con un poquito de lo malo también, que hay que sufrir un mínimo de cuota. En el bombo que rige los destinos de la vida no es que me haya tocado el gordo, pero podíamos decir que al menos la pedrea sí. He tenido la enorme suerte de encontrar a la mujer de mi vida en una persona que a veces creo no merecer, porque mira que le he dado disgustos; algunos ajenos a mi voluntad por culpa de mi enfermedad, por la familia adosada de regalo y otros por ser un capullo redomado. Y ahí está, al pié del cañón día tras día, para ser mi consuelo y mi paz.

Porque no puedo decir que sea cariñosa en exceso, no es eso, ella a su modo quiere a la gente sin aspavientos y a mí me ha colmado siempre de felicidad y no he podido desear más que lo que siempre me ha hecho sentir, es decir, un gran amor que crece exponencialmente con cada día que pasa. Yo se lo digo, pero ella no me cree. Y es verdad. ¿O será que me estoy haciendo viejo y más sensible a la carrera…..?. Yo sigo creyendo que no. Es la verdad de la buena.

Nunca me ha sabido tan bien el escuchar un “Te quiero” estos dos últimos días, esas dos palabras que a mí tanto me cuestan decir y que no tengo perdón por no hacerlo. A menos una vez al cabo de las mil. Y ese “Buenas noches, cielo”, que me sabe a gloria bendita. ¿Por qué seré tan cenutrio….?.

También he tenido, y continúo teniendo, dos hermosas hijas y otras tantas nietas. Más que hermosas, que lo son, sanas, que es el verdadero y mayor de los regalos que se pueden esperar en este mundo, porque desgraciadamente también he tenido lo contrario en mi familia durante años, y ahora, cuando se supone que tengo una edad para disfrutar de acuerdo con mis años en muchas cosas, ahora se me complica la vida un montón.

Yo creía haber pagado la parte que me correspondía durante más de treinta años de mi vida conviviendo en la cuerda floja, siempre al borde de la ruptura, siempre al límite de que se desatara la locura y mi padre entrara en acción. Porque era él quien abría el fuego sin mirar a quien podía lastimar. Y lastimaba mucho, y demasiado a menudo. Con el tiempo he llegado a pensar como podía ser tan insano el vivir así, siempre de gresca. Anulando voluntades y agrediendo cobardemente a quien no quería ni podía defenderse.

Reconozco ahora que fui un cobarde por consentir entonces todo eso.

Y ahora yo, y por consiguiente las personas a las que más quiero, nos vemos en una situación que siendo parecida es, a la vez, distinta. Pero igual de mala e indeseada, y con la misma solución que la que hubo anteriormente, es decir: ninguna. Al menos no la encuentro. La historia se repite; mi abuela murió con la pena de dejar la carga de su hijo a mi madre y ahora ésta tiene la misma pena al ver llegado el fin de sus días dejando tras de sí lo mismo para sus hijos. O mejor dicho, para su hijo. Que el otro ya dijo que no tenía madre conocida.

Y eso hace acrecentar la rabia que mencionaba al principio cuando pienso en cómo se puede ser tan mezquino y despreciable, por decirlo con palabras normales, desentendiéndose de todo y de todos para luego, cuando pregunta y se le cuenta la realidad del día a día, es entonces cuando, lleno de lo que cree  es estar siendo ofendido, entonces es cuando sale gallito y quiere arreglar las cosas a golpes.

Y la tristeza te alcanza cuando piensas más detenidamente de lo que debieras en todas esas personas, por llamarlas de algún modo, que se creen con derecho a todo y sin obligación alguna. A esos que, cuando les pones las peras al cuarto –que también uno tiene su genio- a esos que te esperaban dócil y sumiso les es difícil digerir que osen enfrentárseles. Y hasta que llega ese momento tú convives con tu tristeza. Y tú rabia.

Y lo dejo por hoy, que se me acaban las ideas, por lo menos hasta que me acueste, ahora que, con este calor que estamos pasando, con esta noche tropical, igual me levanto y me reengancho.

O mejor no. A la cama, que ya es hora.

-MiguelitoNews-

 

                                                                                                        ,

 

No hay comentarios: