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viernes, 15 de noviembre de 2024

No nos lo merecemos.

 

Hace casi cinco años que escribí mi primera entrada en el blog sobre el tema del Covid-19 y todo lo que trajo consigo. En el día de San Patricio, patrón de los irlandeses y al  que le rezan con fervor cada noche, antes de dormir, los miembros del consejo de administración de la empresa Guinness,  ese día, iba diciendo, fue el inicio de una serie que duró más de lo que hubiera deseado, y así, cada mañana, tras bajar a mi perro a pasear (cuando se podía) y desayunar, me ponía manos a la obra.

Hoy retomo la cuestión a toro pasado para ver si consigo encontrar alguna explicación medianamente razonable a lo que pasó y, consecuentemente, a lo que quedó. A recordar lo vivido y, sobre todo lo oído, que tuvo tela. A ver lo que se acostumbraba  a hacer y las mentiras que nos contaban, diferentes de las que nos cuentan ahora, que tampoco hay que exagerar y llegar a pensar que el des-gobierno (todavía en el poder, lamentablemente) se ha vuelto bueno de repente. La única pena, la mayor de todas es que ya no tengo perro a quien sacar a pasear. Mi querido Manolo hará una año este mismo mes que nos dejó.

Y en esas estamos cuando, de repente y sin avisar, me parece que comienza una nueva serie de engaños para mantenernos despiertos e ilusionados con nuestros queridos gobernantes. Me refiero a la enorme catástrofe acaecida hace unos días en mi querida Valencia, ahora inundada en muchos, demasiados municipios por el tsunami que nos llegó a través de barrancos, principalmente el del Poyo que desemboca en la Albufera. Las imágenes de las diversas cadenas de televisión muestran la enorme voracidad de las aguas desatadas, que arrasan con todo lo que encuentran a su paso, sin respetar bienes ni, lamentablemente, vidas humanas.

La desinformación inicial, algo comprensible en los primeros momentos de todas las tragedias, siembran el desconcierto y el miedo en los ciudadanos, y luego, cuando queda tiempo para pensar más detenidamente es cuando la magnitud se hace visible. Cualquier persona con dos dedos de frente quiere pensar que cuando se inunda un garaje subterráneo en un centro comercial no solamente se destruyen vehículos, o eso creo yo pensando mal, porque me cuesta muchísimo asimilar lo que oigo por parte de las autoridades. Y digo esto entendiendo que no es muy aconsejable atemorizar a la población porque sí, que bastante tiene ya con capear el temporal, pero de ahí a negar la mayor en cuanto al número de fallecidos y/o desaparecidos hay un largo trecho lleno de matices.

Ahora resulta que todo el mundo, o casi todo, que tampoco hay que exagerar, piensa o se da cuenta, o reflexiona o pone sus ideas en orden con respecto a creerse o no todo lo que se nos contó cuando lo del Covid-19, con sus "expertos" día tras día dándonos la brasa principalmente con el número de muertos, que yo ni me lo creí entonces ni lo hago ahora, porque simplemente no interesaba que se supiera, algo así como los archivos clasificados que todo gobierno tiene en el cuarto oscuro. Así pues, y ya que personalmente he visto ciertas zonas, pisado bastante barro y contabilizado montañas de coches unos encima de otros, así como cientos de enseres y muebles en las puertas de las casas, no me trago lo que quieren que me trague.

Con el tiempo nos irán dorando la píldora con las ayudas, donaciones del estado, caras preocupadas y cosas así hasta que muy pronto se pasará página, y entonces no moverá tanta audiencia en los telediarios y será más rentable ver los programas del corazón. Qué duda cabe, mucho más instructivos. No es necesario esforzarse mucho para recordar ciertas tragedias ocurridas hace poco y preguntarse, por ejemplo, si los del terremoto de Lorca o los afectados por la erupción del volcán de la Palma han cobrado, todos ellos o la mayoría, lo que nuestro querido des-gobierno prometió en su día. Me van a conceder el beneficio de la duda, por favor.

 Un gobierno que gobierna, valga la redundancia, mediante decretos ley salta a la vista que muy de fiar no es, cuando impone contra todo y contra todos su ley, tanto si te gusta como si no, y así nos va, contemporizando, que diría aquel; esperando a las próximas elecciones que ni están cerca ni se les espera adelantadas, para volver a votar lo mismo, porque el cerrilismo es así y la estulticia gana terreno cada día más entre los ciudadanos que no se dan cuenta, o no quieren hacerlo, de que nos la están metiendo doblada. Valga como ejemplo el señor Donald Trump, un expresidente de unos de los mayores países del mundo, con permiso de los chinos, que a pesar de estar procesado o imputado o lo que sea un montón de veces, y las que le quedan en la recámara, vuelve a ser elegido. Mi no saber.

Mientras tanto seguimos viendo como nadie quiere asumir parte de la culpa, que digo yo que alguien será responsable, al menos en la parte que le toca, pero no, nadie se moja y se lava las manos en el barro (es una comparación horrible) para que otro cargue con el muerto (otra vez, no aprendo) y hacer "pasapalabra" mientras se mira hacia otro lado. El presidente autonómico valenciano está de comida (de trabajo, eso sí) mientras se desencadena la tragedia y alarga la sobremesa entre chupito y chupito supongo, que para eso tiene los asesores y personal subalterno al loro de lo que pasa. Lo que pasa es que el agua no espera y arrasa. Porque corre demasiado deprisa, dirán, pero es lo que tiene el agua desbordada.

La delegada del gobierno desconozco lo que estaría haciendo en esos momentos, y doña Teresa Ribera, vicepresidenta tercera del gobierno (hay que ver) y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del Gobierno de España, vaya que no sé lo que es pero parece ser  lo que anteriormente se conocía como ministerio del medio ambiente, además de directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales debía de estar preparando las oposiciones para entrar de comisaria europea en Bruselas, porque parece ser que no llega a fin de mes y claro, no se le podía molestar. Otrosí, como se diría en lenguaje jurídico, el máximo responsable, quiera o no quiera, que para eso va incluido en su sueldo, y me refiero al presidente de la nación, sí, ese que en su día criticó al entonces presidente Rajoy porque no había visitado la zona cuando las inundaciones del Ebro, ese señor, como iba diciendo, estaba, a su vez en la India paseando en un coche descubierto al que le tiraban montones de flores y negociando para ver si se traía a Bollywood a España, mientras su señora era agasajada como si fuera la inquilina del Taj Mahal. 

Entre todos la mataron y ella sola se murió, que decía mi abuela.

Y yo sigo, junto con mi amigo, recogiendo día tras día todos los trastos, basura, barro, animales muertos y cosas así que el tsunami nos dejó y echando en falta las cosas que se llevó de su campo, anegado, destrozado, con lo que había empezado a sembrar ahora ahogado, con los motores eléctricos y las mulas mecánicas inservibles, mientras vemos la cara de sinvergüenza que esgrimen unos y otros mintiendo sin reparos, prometiendo lo que saben de sobra que no van a cumplir, como antes hicieron y volverán a hacerlo en un futuro. Y da rabia, os lo aseguro. Valencia no se merece esto que está sucediendo. Ahora también le toca a Málaga, por desgracia; a Huelva, a Cádiz. Suma y sigue. Demasiado trabajo para el que no tiene ganas ni intención de acometerlo.

A lo mejor, o a lo peor, a todos aquellos que se han quedado sin coche, además de sin casa, sin dinero, sin familiares, sin  las fotos de su vida, sin hijos incluso, a lo mejor, repito, les valdrá aquello de "si quieren ayuda que la pidan".

Entonces, sin demora, pondrá a su disposición el helicóptero y el Falcon.

Para echar una mano.

 

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Mi tierra huele a muerte.

Mi tierra huele a muerte. La noto cuando paso por la carretera cerca de los campos inundados, echados a perder porque, aunque vivo en la ciudad y no he sido afectado por las aguas, no dejo de reconocer la magnitud de la tragedia. Y huele, sobre todo, a desolación en las calles, a desencanto en las casas, en las familias, a desesperación por no poder abarcar con las manos, las suyas y también las de los otros, las de los que ayudan en silencio, sin preguntas, todas ellas llenas de barro.

Y también huele a más cosas que comienzan por “des”, como por ejemplo huele a la desidia de las autoridades, de los responsables de que la cosa funcione y no ha funcionado. Al desamparo que les queda, que nos queda, cuando observamos cómo se pasan la pelota de unos a otros; como aquellos se lavan las manos que ni siquiera se han visto manchadas con el lodo y que estos, los que sí, no pueden quitárselo de las suyas. Porque algunos, muchos, no tienen agua, o hace poco que les ha regresado a las casas y, a duras penas, calentando el agua en un microondas si tienen la “suerte” de contar con electricidad, o si el “tsunami” no se les llevó también la bombona de gas, al final del día, de ese día al que le pides más de veinticuatro horas para poder seguir luchando, le pueden robar alguna para, al menos asearse un poco, para quitarse de la piel el olor a mierda.

A desconcierto por no saber que más les puede pasar cuando todavía se anuncian fuertes lluvias, porque no pueden perder más de lo que ya han perdido, aunque conserven la vida - ¡qué paradoja; es lo poco que les queda! -, y miran de reojo al cielo entre paletada y paletada de cieno, cada día más apestoso, resbaladizo, traidor. A deshonor de los políticos que no hacen otra cosa que intentar salvar el culo para poder seguir asentándolo un día más, un año más, una legislatura más en sus secos y mullidos escaños, mientras aquí, en mi tierra, se despiertan –también con “des”- cada noche sobresaltados, insomnes, derrotados, los que lo han perdido todo. Los que únicamente tienen en su horizonte una mañana más, la siguiente, para acometer de nuevo la enorme, desagradable tarea de limpiar su casa, su calle, su pueblo, y sacar más y más enseres que van, inexorablemente, a la basura; coches al desguace, con la desconfianza y la incertidumbre de cara a las aseguradoras.

Y también huele a desfachatez; la que tienen y de la que presumen ciertos –muchos- personajillos, que no personas, que no buscan más que unos segundos de gloria por si acaso alguna cadena de televisión los entrevista; que se manchan mínimamente las botas de agua que han comprado para la ocasión con el objetivo de hacerse un selfie empuñando una pala o una escoba y hacer como que ayudan, cuando lo que se persigue es salir en el Pronto o que les den unos likes de más en sus redes sociales. Alimentar su ego a costa de los demás. Luego, enseguida, a casita, que huele a caca y me pongo hecho unos zorros.

A despotismo, el mostrado por quien se supone el máximo representante de la ciudadanía, de la nación, –“si quieren ayuda que la pidan”- cuando se le demanda auxilio, cuando las personas enterradas en el barro, ahogadas bajo el agua, claman con sus desesperados gritos sin voz, cuando los que afortunadamente todavía pueden hablar lo hacen, aunque sea con la boca pequeña, y solo reciben la chulería y la autosuficiencia de quien se cree por encima del bien y del mal. Qué vergüenza y, a la vez, que desvergüenza la mostrada sin ruborizarse siquiera. ¿Qué esperaba al venir a Valencia muchos, demasiados días después? ¿Que le dieran un besito en la boca…..?. Por guapo. A desafío, al que hizo el pueblo frente a los caballos de la policía. ¿Era necesario?. Al rey nunca le hubieran hecho nada, eso seguro, por mucho que le gritaran, por mucho barro que volara la cosa no iba con él. El problema era las malas compañías que se había agenciado; nada recomendables en esos momentos. La gente normal lo respeta, sean monárquicos, republicanos o lo que les dé la gana, pero no se les puede pedir contención ni que callen los exabruptos cuando se tiene la ropa mojada, los pies fríos y la boca caliente. No hacía falta la carga de caballería; quizás si acaso para “proteger” al que ni siquiera respeta a su rey.

Pero siempre nos quedará la desinteresada ayuda de todos aquellos que han venido a mi tierra a echar una mano, o las dos. A toda esa juventud a la que nos habíamos acostumbrado a tipificar como pasotas, como que la cosa no les atañe y nos han dado una lección a muchos, empezando por mí, porque no les auguraba nada bueno ni para su futuro ni para el nuestro por su falta de implicación en el mundo que les ha tocado vivir. Tal vez me equivoque y me deje llevar por el momento, pero siempre estoy a punto de rectificar. De momento no puedo por menos que darles las gracias por todo lo que han hecho y siguen haciendo cada fin de semana; por los quilos de barro que les han ahorrado quitar a los vecinos implicados; por el agua repartida, por la comida entregada a los que no podían siquiera salir de su casa por tener un coche, o dos, o tres, frente a su puerta.

El destino, que también empieza por “des” hace que mi tierra sea proclive a este tipo de desgracias, ya repetidas varias veces, sea por su situación geográfica o por la conjunción de acontecimientos que en ella se aúnan; porque es muy agradable bañarse en las aguas calentitas del Mediterráneo hasta casi finales de año, pero tenemos la contrapartida de lo que esto supone meteorológicamente hablando, porque crea estas catástrofes. Todo no se puede tener.

Mi tierra huele a muerte ahora, pero volveremos a percibir el aroma del azahar la próxima primavera, cuando las penas sean más lejanas, cuando volvamos a levantarnos como hemos hecho otras veces, porque no nos queda otra. La vida sigue.

Tiene que seguir. Al menos para los que quedamos.

Los que han desaparecido nos lo demandan. 

martes, 10 de enero de 2023

No dejan de sorprenderme.

El día que se repartía la cordura, el enviado ad hoc del ayuntamiento de mi ciudad llegó tarde, y, un poco más tarde, cuando llegó el turno del criterio, le pilló contestando a un Whatsapp, con lo cual se tuvo que volver con el rabo entrepiernas a dar cuenta de la misión. No es de extrañar pues, que desde entonces la corporación municipal ande como pollo sin cabeza en las múltiples y desafortunadas decisiones que toman.

Ante este panorama, cuanto menos desolador, me armé de valor y decidí aguantar, estoico, lo que viniera día a día, confiando inocentemente en que dure una sola legislatura, pero viendo lo viendo me asaltan serias y preocupantes dudas. Porque es que no dan puntada sin hilo y nos sorprenden día sí y día también con decisiones sacadas de la manga a cual más absurda, que ya iré desgranando a su debido tiempo porque, como cualquier escritor que se precie, debo documentarme convenientemente.

El menú de hoy es la toponimia de las calles. Me explicaré. Hace poco tiempo me sorprendió desagradablemente ver un rótulo en una marquesina de la E.M.T. que dejaré para el final, porque es el detonante de toda esta entrada. Y es que no existe uniformidad -que criterio ya es sabido que no-, con lo cual nos podemos encontrar cualquier cosa. Empezaré por uno que, en su día, me llenó de estupor porque el rótulo de la calle decía literalmente "Carrer de Colom", para referirse a Colón. Sí, con un par.

Y yo, que siempre la conocí como dedicada al almirante Cristóbal Colón, o Cristóforo Colombo, porque está sin documentar fehacientemente de donde era exactamente, aunque la mayoría -y que me perdonen los catalanes- data su nacimiento en Génova, -en Italia, no en la del P.P.-. Al menos así lo aprendí de pequeño en la Enciclopedia Álvarez y así figura hasta en el Wikipedia, esa cosa que hace que los tomos de la Salvat, Espasa y otros por el estilo hayan dejado de ocupar sitio en las estanterías de las casas, para terminar, en el mejor de los casos, en el contenedor azul.

Afortunadamente a día de hoy ha sido reparado el desaguisado, y luce nuevamente como "Carrer Colón", porque para mí antes se refería a "Calle Palomo"; y si no es así estaré gustoso de enmendarme.

Paseando por la ciudad, en realidad iba a tiro fijo, con premeditación y alevosía, porque escrutaba las esquinas para dar fé de lo que digo, y así encontré varios desatinos que no han sido corregidos ni se espera que lo sean. Como estos:

Si cambias el rótulo hazlo bien, deja el que te gusta y quita el otro, que queda más bonito y más fino, dónde vas a parar, total es quitar cuatro tornillos rosca chapa y/o darle con un martillito y un escoplo. Y a otra cosa, mariposa. Y hay muchos, pero no voy a ser tan malo, únicamente lo que considero justo, es decir, la puntita nada más. Para que tomen nota, que lo dudo, porque como este blog no llega más allá de un grupo pequeño de lectores, pues es difícil que tenga trascendencia.

La "normalització" de nuestro idioma, es decir, el valenciano, trajo consigo verdaderas barbaridades en la forma de referirse a las cosas en general y, por consiguiente, las hemos interiorizado mal que nos pese asumiéndolas como la verdad absoluta, porque como alguien ose discrepar puede ser demonizado inmediatamente. Y así me duelen los ojos cuando veo palabras que nunca se han dicho así en mi tierra, aunque quizás estén mal dichas según el senyor Pompeu i Fabra -idealizado, lamentablemente, en mi Comunidad-, pero que se han transmitido durante generaciones y todo el mundo las entiende, al menos la gente que ya tiene una edad, no los pipiolos al uso que no saben de la misa la mitad. 

Pero dudo mucho que incluso  el  señor Pompeu se habría atrevido a esto: 

¡¡Maldición....!!. Esto si que me ha hecho pellizcarme para ver si soñaba o, por el contrario, era cierto. Si Luís Vives levantara la cabeza se tiraría de los pelos porque no se puede atropellar la razón tan flagrantemente. Ni siquiera se les ocurre, -que no dejaría de estar mal hecho- traducirlo como Plaza de Bruixes, siguiendo su normativa. Nos inventamos el palabro y ya está.

Pero, a pesar de eso, vamos a ver: si hablas en valenciano que todo sea en valenciano, y si lo haces en castellano tal cual. Lo que no tiene sentido ni trellat es encontrarse un poste con una placa escrita mitad y mitad, que tiene guasa. 

Y está, casi nada, en la misma esquina con la ya citada calle de Colom o Colón, o comoquiera que se llame, según quien esté al frente de la corporación municipal. Ni carne ni pescao. Mar y montaña. Barrechat valençiá.

 "Otrosí digo", como señalaría mi amigo Pepe, lo siguiente es la uniformidad del cartelito en cuestión, y se puede ver en la actual Avenida de L'Oest, antigua del Barón de Cárcer, que ofrece un estilo distinto al imperante en la mayoría de las calles de la ciudad, y que a mí se me asemeja más a este.

 Y no es el único que he encontrado.

Que no es que tenga nada que objetar, pero lo encuentro fuera de contexto. Con lo bonito que quedaría todo rotulado en plazas con azulejos de Manises. Es una opinión. O como eran antiguamente, en especial en el centro histórico.
Y que conste que esto solamente es una muestra de lo que he podido ver en una tarde, porque voy a investigar más memeces, que sin duda las habrá, porque es para mear y no echar gota con esta gente. Lo que pasa es que la mayoría de la población, por no decir casi toda, como que le da igual este tipo de cosas; las miran, si es que pueden apartar un segundo la mirada del móvil (que ese es otro tema pendiente), y se quedan igual; no se paran a pensar en la cantidad de aberraciones que te puedes encontrar a poco que te lo propongas.
 
Pero lo que de verdad me motivó a crear esta entrada, lo que hace que mi colmillo destile veneno es, como dije al principio, la visión súbita del estoicismo imperante, cuando se traduce el nombre de una ciudad: Cádiz por Cadis, que para mí no se debe de hacer y, sin embargo, para la otra del mismo rótulo y mismo lugar, se mantiene como todo el mundo lo entiende, hasta en los Estados Unidos, de cuya Unión es un estado libre asociado y todos, angloparlantes e hispanos lo nombran como Puerto Rico, no Rich Port ni cosas por el estilo. Menos mal que no se les ocurrió a los de la E.M.T., señor Grezzi al frente, ponerle Port Ric y quedarse tan pancho.

Ahí sí que ya hubiera caido muerto.
-Miguelito News-
 
P.D.
Deberes para el responsable del desatino:
 
Fotos: Levante-EMV y Alamy Stock Photo.

miércoles, 15 de junio de 2022

Mi Ayuntamiento y mi parque no se quieren,

 Esta es la carta que envio al Ayuntamiento de Valencia para ver si de una vez me prestan atención.

A quien corresponda.

No es la primera vez, e intuyo que tampoco será la última en que me pongo en contacto con alguien ¿? del Ayuntamiento para solicitar que sea atendido el asunto que les detallo a continuación, y la verdad es que me hubiese gustado antes, y también ahora, que el trato fuese un poco menos impersonal que las veces anteriores; es decir: que una persona se pusiera en contacto conmigo para explicar el problema más allá de una simple hoja de papel que, por lo que veo, no sirve para mucho.

La cuestión planteada tiene como objeto el jardín que discurre a lo largo de la Avenida de los Hermanos Maristas, entre las calles de Amado Granell y la Carrera de la Font de Sant Lluís, y centrándome especialmente en el tramo que discurre frente a mi domicilio, es decir: entre la calle del Bombero Ramón Duart y la citada Carrera de Sant Lluís, ya que se adjuntan fotos correspondientes a dicha sección.

Un parque urbano que se inauguró hecho una preciosidad y que ahora languidece desde hace años por la desidia municipal en el hacer de  las personas o departamentos que deberían cuidarlo. Un pequeño pulmón verde que se supone debe, además de embellecer, proteger el ambiente, dar un respiro a las personas que lo frecuentan para pasear o simplemente respirar un poquito menos humo del habitual.

Pero no, al contrario de servir para lo que se proyectó, se ha convertido poco menos que en un estercolero y un lugar donde día sí y día también desaparecen especies vegetales que no se reponen, quedando cada vez menos árboles por la sencilla razón de que cuando se estropean –por falta de cuidados- sencillamente se talan y se acabó el problema. Esto mismo ya fue denunciado por mi anteriormente y quedó –una vez más- en saco roto, sin actuación alguna por parte del consistorio, que vuelve a mirar hacia el otro lado.

Observarán que mi carta tiene un tono mordaz, poco delicado con el Ayuntamiento, pero es que intento que alguien reaccione,- que no es tan difícil- y tome medidas, aunque sean mínimas (no aspiro ni confío demasiado) para solucionar un problema al cual ni se le presta atención ni se  tiene en cuenta la magnitud que representa, algo que debiera ser prioritario en lugar de tantos fastos inútiles, tantos desfiles de Magas y tanto postureo por parte de la corporación que se supone vela por sus conciudadanos.

Mucho gasto inútil en maceteros, en cuchipandas y en intentar ofrecer una imagen de Valencia en la que se olvida a los barrios. Porque sí, porque la cruda realidad es que existen al menos dos tipos de ciudadanos, según lo visto, y consecuentemente se les trata con mayor atención que a los otros. Me refiero, por ejemplo, al aspecto que presentan, sin ir más lejos, la Avenida del Reino y la Gran Vía del Marqués del Turia, con sus jardines hermosos y bien cuidados, con sus setos recortados y sus árboles podados, identificados con etiquetas, mantenidos a salvo de plagas, mimados en una palabra.

A partir de ahí y hacia las afueras cambia la cosa radicalmente, como si existiera –que existe, aunque invisiblemente- una frontera entre ricos y pobres, entre la Valencia de la gente guapa y el gueto de los demás que, no lo olviden, pagamos los mismos impuestos y deberíamos tener, consecuentemente, los mismos derechos, máxime en un gobierno municipal que se las da de izquierdas y de socialista o vaya usted a saber, que yo tenía entendido desde pequeñito que estos señores están para servir al pueblo, pero ni flores.

Y volviendo al meollo de la cuestión les comento que mediante las fotos que me he tomado y me gustaría acompañar a esta reclamación-sugerencia (y no puedo adjuntar) intento que se tomen un poco, solo un poquito en serio mi carta y mi cabreo. Me explico: a veces en invierno y también en otras estaciones se producen ráfagas de aire violentas que atacan a la arboleda con rabia. Muchos de estos árboles son monumentales y/o cuanto menos altos en exceso, cuyas ramas llevan tiempo sin podar y sanear; en particular los plátanos de sombra que, tras más de cuarenta años viviendo en el mismo domicilio, nunca he visto podar, como si que he observado en alguna población que tiene esta especie y la dejan prácticamente pelada para que vuelva a regenerarse. Pues bien, al igual que estos árboles hay otros a los que no se presta atención alguna, de modo que sufren serios daños y desgajamiento de sus ramas –algunas con muchos kilos de peso- lo cual lleva consigo que la siguiente actuación de los servicios correspondientes se limite a tirar de sierra por la base y a otra cosa mariposa.

Así pues, cada vez tenemos menos árboles y más ¿biodiversidad?, término este acuñado por algún sesudo asesor para denominar al abandono, por referirse a los hierbajos que nos rodean en las calles, parterres y alcorques de los árboles. Por justificar la miseria, vamos.

Hace dos días, un enorme árbol cuyo hermano gemelo ya fue arrancado tras un grave desgajamiento de parte de su estructura, un árbol con un porte considerable y hermoso sufrió a su vez la caída de una gran rama debido a su peso y a su abandono. Dos días llevan sin aparecer los servicios del Ayuntamiento aunque solo sea a ver qué pasa y decidir qué se va a hacer al menos con los restos, que luego ya veremos si tiramos de serrucho, que es lo más fácil.

Ya sé que no va a gustar mi carta, pero me importa bien poco, porque lo que realmente sí que me importa es tratar de despertar la conciencia de alguna persona con capacidad y poder de decisión para acometer el asunto como se supone se debe de hacer. Pero tengo dudas de ello y muchas, a pesar de que en mi fuero interno quiero creer, tal vez ingenuamente, que incluso pueda haber alguien que sea a la vez funcionario municipal más o menos importante y ciudadano a pié de calle como yo que se atreva, porque hay que atreverse, a tomar el toro por los cuernos y adecentar su ciudad.

Que no lo olviden, también es la mía.

Atentamente.

-Miguel A. García Puig-

DNI: 22.520.169H.

 Ver las fotos adjuntas que no pude enviar en mi instancia al ayuntamiento.


 


































 

 

 

 

 

lunes, 27 de enero de 2020

Así se creó y así debe continuar.


(Como complemento a mi entrada anterior, ésta es la propuesta que envié al Ayuntamiento, merced a la oportunidad que tuvimos los vecinos de nuestra ciudad, por medio de la plataforma "DecidimVLC", de sugerir en qué invertir algunos "dinerillos" de los que disponía nuestro consistorio).

El jardín que ocupa la casi totalidad de la Avda. Hermanos Maristas, ya que tiene su comienzo en la Carrera de San Luís, y finaliza en la Avda. Amado Granell Mesado, (antigua General Urrutia), a pesar de la grandiosidad y frondosidad de su arbolado, lleva años olvidado por los servicios de jardinería del Ayuntamiento de Valencia, los cuales actúan esporádicamente para proceder a segar el "cesped" cuando alcanza la altura de casi medio metro, así como a pasar la máquina que tritura las hojas que se desprenden de los árboles en temporada. 

Esto último, añadido al incivismo de los poseedores de perros que permiten a sus mascotas hacer sus necesidades sin recogerlas posteriormente, hace que se cree un estrato de inmundicia que aumenta día a día. Igualmente, con ocasión de los días en que las ráfagas de viento son importantes, multitud de ramas y árboles caen al suelo. Una vez recuperada la normalidad en cuanto al tiempo, los restos citados quedan practicamente depositados en los jardines, siendo retirados, únicamente, algunos árboles que, por su porte, ocupan un gran espacio. 

A mayor abundamiento, en cuanto se detecta algún árbol medio roto y/o supuestamente enfermo, se procede asu corte drásticamente, lo cual sería entendible si, posteriormente, se siguiera una política mínima de replante, bien de la misma especie, o de cualquier otra, para seguir disfrutando de la sombra y belleza para la que fueron creados. Por otra parte, eliminando las pocas actuaciones que se han hecho sobre el arbolado, en particular la poda de las moreras con ocasión de la visita del Papa, y alguna que otra vez, no existe una política de poda, siendo así que el ramaje de muchos árboles golpea sobre la cabeza de los que transitamos junto a ellos, ocasionando, las más de las veces, que cuando llueve considerablemente en la ciudad, la tierra que los sustenta no puede soportar el enorme peso de la copa, debido al ablandamiento de su base, con lo cual, indefectiblemente se derrumba, y se añade otro más que se tala y no se repone.

 Mi propuesta es que se actúe en consecuencia para adecentar el jardín como se merece, ya que, cuando se inauguró era una maravilla verlo, lleno de flores, setos, arbustos y árboles. Sin embargo, ahora mismo tiene un aspecto tercermundista, lleno de basura, cacas de perro y botellas de cerveza, que esa es otra, se ha convertido en zona de botellón indiscriminado por ciertos individuos habituales que, no sólo beben en presencia de los niños, sino que también celebran barbacoas.

 Mantengamos limpio y cuidado el entorno los usuarios, y actúe el Ayuntamiento en consecuencia, para no degradar mucho más algo que debería de ser el orgullo del barrio, y, sin embargo, es una de las muchas verguenzas de Valencia.


-MiguelitoNews-