sábado, 2 de diciembre de 2023

Yolanda


Yoli es la dulzura.

No encuentro una palabra más adecuada para empezar esta carta que esa, porque es lo que siento, lo que me transmite cada vez que la veo, que la oigo.

Podría parecer mentira viniendo de donde viene, de sus padres, tan distintos el uno del otro y, a la vez, de ella, porque los caracteres, los estilos, la manera de actuar y de comportarse es completamente diferente. Y no sirve esto para desprestigiar a nadie; todo lo contrario; lo que pasa es que a cada uno se le quiere de manera distinta.

Yoli es sosegada, ponderada en el habla, tranquila, cariñosa a más no poder, pero con una manera de expresar su cariño de un modo diferente a los demás, o  al menos, así lo veo yo. Preocupada siempre por los demás; a veces diría que en exceso, como le pasaba con su madre, con mi querida Charo, pero ahí está cuando la necesitas, cuando una palabra de apoyo tiene más valor que un beso, que un abrazo.

Porque ella es así, y así la valoro. A cada uno lo suyo, sin menospreciar las formas, sino el resultado; de modo que, cuando la veo, como el último día que nos encontramos en la calle, sabe transmitirme el pesar que siente por mi reciente dolor. Y no hace falta mayor demostración que el ver en sus ojos la verdad de lo que está diciendo sin palabra. O con ellas.

Recuerdo el día que, siendo todavía novio de su tía, de mi querida Montse, vino con nosotros a visitar a mi familia. Una niña que llamaba la atención por lo bonita que era –que todavía lo es- y que llenaba de orgullo a su tía y a mí el poder presentarla ante los demás.

Ahora, con el pasar de los años y, tras muchas dificultades, ha llegado a un momento en el que está asentada como mujer, como persona autosuficiente que no necesita de nada ni de nadie para afrontar la vida que tiene por delante, a pesar de que, por el camino, hayan surgido varios inconvenientes. Nadie dijo que esto iba a ser fácil. Pero ella sigue adelante a pesar de todo.

Tengo más sobrinas porque, como se suele decir en mi casa: “Si familia has de tener, de parte de la mujer”, y, en mi caso se cumple el viejo adagio, de modo que hay una superioridad manifiesta de mujeres que de hombres, que no hay ninguno, a menos que se cuenten las parejas correspondientes. Pero, continuando con el tema, no todas merecen el mismo tratamiento por mi parte; sin que eso sea dejar de quererlas, aunque, eso sí, de manera muy distinta. Y no me avergüenzo al decirlo.

Yoli no es de mucho contacto físico. No me importa. Y eso que yo soy todo lo contrario. Me gusta mucho que me toquen y tocar. En el buen sentido de la palabra, que, a día de hoy debo de tener mucho cuidado con lo que digo y lo que hago. ¡No vaya a ser….!. Cada uno es como es y nada puede reprochársele; muy al contrario, porque si todos fuésemos iguales sería, cuanto menos, aburrido. Y con esto no quiero pretender que, cada vez que me encuentre con ella, se eche literalmente en mis brazos y me llene de besos. Eso sería antinatural en nuestra forma de ser.

Me conformo con que me quiera como hasta ahora, y yo la quiera de igual manera. Todo lo demás es postureo y mentira, y para eso ya está Telecinco.

Mi querida Yoli significa mucho para mí por ser como es, por tratarme como lo hace y por demostrarme, en suma, lo mucho que me quiere. Y no quiero que cambie. Es única e insustituible. Valiente, comprometida y generosa.

Es mi Yoli, y la quiero a rabiar.

Con todo mi cariño.

-Migue-