jueves, 30 de abril de 2020

MI CUARENTENA (Cuaderno de bitácora). Día 46. ¿Cómo lo hacemos....?.




Aquí estoy en un ay como el novio en la puerta de la iglesia o el soldado esperando que le den la cartilla de la mili para volver a casa, sólo que lo que espero es saber en qué condiciones podré salir el sábado a que me dé el aire. Y eso es una cosa que está en mano de Los payasos de la tele en su comparecencia diaria, si es que consiguen ponerse de acuerdo, algo que, hasta el momento, no hay forma.

Mientras tanto me entero de que las autoridades valencianas, en particular el señor alcalde ha decidido por su cuenta que podemos ir a las playas desde ya, desoyendo las órdenes impartidas por el des-gobierno. Así que esto es como lo de la Parrala, y no hay un dios que se entere. La cuestión es hacer el capullo todo lo que se pueda y más, engañando a la gente para que se estrelle luego con los propios policías municipales del señor Ribó.

Vivir para ver. Al final me voy a tener que descargar el B.O.E. última edición cada día para ver lo que puedo y no puedo hacer; no la vayamos a cagar, que sólo faltaba eso, encima de estar encerrado como un loro que luego me crujan con una multa mínima de 601 euracos. Cada día me sorprenden más estos gilipollas que tenemos llevándoselo crudo mientras los demás estamos pasando -y lo que viene detrás- las de San Amaro.

 El día de ayer registró la cifra de bajas en 268 fallecidos, que siguen siendo muchos, sobre todo para el que le toca directamente, porque se tiende a desdramatizar tanto que nos olvidamos de que son personas, que pueden ser de nuestra familia cualquier día. Sigo pensando en que hay que tomar medidas para llegar a la "nueva normalidad" con la cabeza fría y sin prisas. Ya veremos lo que pasa dentro de catorce días desde la salida de los niños.

 Por otra parte tengo un tema que tiene guasa. Conozco a una persona (ya creía que iba a pasar la pandemia sin conocer un caso) que se estaba sintiendo mal desde hacía días con los síntomas del bicho, y llamó al número habilitado para ello. Le hicieron las preguntas pertinentes y resolvieron que sí, que estaba infectada. Y ahora viene lo bueno: le dijeron que se encerrara en casa en una habitación para ella sola y con un baño también exclusivo durante catorce días.

 Yo para mí que se confundieron pensando que todos tenemos un casoplón como el de Pablo Picapiedra, alias el Coletas.

 La casa en cuestión tiene únicamente un baño, y son un matrimonio con dos niños menores de cuatro y un año respectivamente. Como no se lleve un orinal a la habitación no veo la forma. Y en cuanto a la asistencia sanitaria le dijeron que la llamarían por teléfono. La enferma empeoraba, se sentía con mayor dificultad para respirar y tenía fiebre que no bajaba, pero hasta dos días después no la llamaron, y total para decirle lo de los catorce días. ¡Hay que joderse!.

 Seamos serios, por favor, que ya somos mayorcitos y queda feo hacer el gilipollas un día tras otro. Vamos a hacer test mayoritarios para descartar afectados, para tener constancia de los que están sanos y los que no lo están porque, mientras tanto, somos susceptibles tanto de contagiar como de ser contagiados sin saberlo. Y así mal podemos luchar.

 Yo hace tiempo que no aplaudo a nada ni a nadie, porque no sirve de nada y al des-gobierno se le llena la boca con ello, cuando lo que les tenía que llenar su bocaza son los miles de víctimas habidas y por haber por culpa de su inoperancia.

 Pero ellos siguen chupando de la mamelleta hasta que se seque. Ni hay ERTE para ellos ni bajan el número de chupópteros que están tocándose los güevos.

 A dos manos.   

miércoles, 29 de abril de 2020

MI CUARENTENA (Cuaderno de bitácora). Día 45. La yenka.


Los que ya peinamos canas o somos medio calvos como yo seguro que recuerdan una canción que estuvo de moda cuando éramos pequeños; hablo de La yenka. Sí, aquella que cantaban y bailaban dos chavales que no eran de aquí y que decía más o menos así: "Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante y atrás, un dos tres....". Pues ahora me ha venido en un flash, cuando no sabía de qué hablar hoy y mira por donde ya tengo el arranque.

 Después de los aplausos en las ventanas vamos a bailar la yenka.

 Reconozco que tener que tomar una decisión como la que ha tomado hoy Pedro Picapiedra en relación con el tema del COVID-19 no la quiero yo ni en pintura, pero a fin de cuentas tampoco tengo las ventajas que tiene el susodicho, verbigracia: vivir en la Moncloa, por citar un ejemplo. Así pues, el hecho de vivir yo en un piso de 70 m2 me exime de decidir cuándo, dónde y porque comenzar la "desescalada", más bien llamada ahora "el retorno a la nueva normalidad".

 ¡Chúpame la minga Dominga!.

 Se han sacado de la manga unas medidas que parece que las hubiera tomado un sastre ciego. Me explico: Cuatro fases de quince días cada una (que al final serán catorce, como siempre) al ritmo de la yenka, según la letra de arriba. Del 0 al 4 para mi suman 5, yo entiendo que se empieza a contar desde el 1 pero bueno. 

“Vamos a echar toas las tajás de golpe y arrimarle la lumbre, a ver si acabamos enseguía...”. En consecuencia parece ser que van a probar el guiso para ver si se les va añadiendo o quitando ingredientes antes de que se les queme del todo. Y yo conozco uno que probando probando se le fue la gana de comer.

Porque sino como se entienden medidas tales como abrir las peluquerías con cita previa. Los peluqueros peinan o lavan el pelo a una clienta mientras otra esta con los rulos puestos o la permanente cociéndose. Y entre col y col te hago unas mechas. Ahora, de una en una ¿qué van a hacer entretanto, sentarse a hacer un sudoku?.

Otra: los restaurantes que puedan servir comida a domicilio; los hoteles pero solo para dormir, sin desayuno ni nada. ¿Quien acudirá a un hotel si no nos podemos desplazar, no ya de una Comunidad a otra, sino entre provincias de la misma Comunidad?. Ah sí, yo por ejemplo, en lugar de dormir en mi casa me iré al hotel, que se está más guay y me ahorro de hacer la cama. Pienso que no es rentable abrir este tipo de negocios con tanta restricción
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Los bares, con limitación de aforo y, de momento exclusivamente en la terraza. Los restaurantes, en las siguientes fases, con mesas separadas, comiendo como si estuviéramos en el locutorio de la cárcel tras una mampara de cristal. ¿Y para llevar el bocado a la boca?. Fase 1: pincha, 2: corta, 3: aparta la mascarilla y cuatro: introduce en la boca.

 ¡Pa cagarse y no torcarse!.

Otra más, que esta me da mucha risa: “los futbolistas profesionales podrán volver a entrenar”, y yo me pregunto como de mal lo van a pasar, pobrecillos, sin darse ni besitos ni palmaditas en el culo. No podemos ir a ver a nuestros padres o hijos, pero sí que podremos ir a misa, que contamina menos, o al gimnasio, siempre que no haya contacto físico o se tenga que usar el vestuario. ¿De verdad se han parado a pensar?.

Cierto que en algún momento se tendrá que empezar a pensar en dejarnos en libertad, aunque sea condicional, pero el sentido común nos dice que hasta que no hayan menos victimas (ayer 325 más) o se compruebe efectivamente que de verdad estamos ganando en la lucha, hasta entonces no hay que jugar a la ruleta rusa. En Madrid, por ejemplo hubo ayer el triple de contagios.

Y eso, para mí, ni es alcanzar el famoso pico ni debemos precipitarnos para empezar a bajar de la cumbre.


Porque corremos el riesgo de dejarnos los cuernos en la caída.