viernes, 18 de febrero de 2022

CARTAS A MI AMIGO. (Cosas que pasan).


 

 

Querido Andrés:

Hoy vengo con un par de noticias que he de contarte, por lo extraño e inusual de su contenido, pero que me han dejado sorprendido. Resulta que la otra noche me dispuse a ver un documental que hacían en la televisión sobre Whitney Houston, ya sabes, esa chica tan bonita y con una voz sorprendente que nos dejó hace poco tiempo, en la flor de la vida, al igual que pasó contigo, exceptuando que no ha de aplicarse en tu caso lo de "bonito" ni de "voz sorprendente". No te ofendas, pero para qué vamos a engañarnos. No das el tipo.

A lo que vamos. En varios momentos del documental aparece uno de los hermanos de Whitney, y te aseguro que, cuando lo ví, casi me caigo del sillón por la impresión. Eras tú pero digamos que "en fase de negro". Me explico: algunos caballos cambian de color, por ejemplo el tordo en fase de blanco, que, habiendo nacido con el pelaje bayo o incluso marrón, termina siendo blanco. Pues lo mismo pero al revés, para que me entiendas.

Eras tú, con tu tipo, tu aspecto, incluso con gorro, pero más morenito, y claro, me quedé de piedra porque sentía algo así como que, tarde pero todavía a tiempo, me mandabas una señal para que supiera que tenías una deuda conmigo; es decir, que de algún modo te comunicabas y me hacías saber que recibías mis cartas. Todo eso en el universo imaginario que compartimos. Ya sabes, ese que es privativo entre tú y yo. Aunque pueda parecer mentira y no todos se lo crean.

Te adjunto una foto, o varias, para que veas que no miento. Y es que la vida nos sorprende a cada momento con cosas tan dispares que hemos de estar preparados para todo. Y tú, ya ves, tienes un doble en los Estados Unidos. Casi ná.

 

Porque, ¿a ver si solamente soy yo el que encuentra el parecido, o se me está yendo la olla", porque te juro que viéndolo en vivo y con movimiento el parecido es todavía mayor. ¡Qué huevos tienes Andrés!, mira que, desde el Más Allá todavía tienes ganas de broma y me haces hablar. No serías tú si no estuvieras creando polémica. Bueno, pues pasado el susto te digo que me alegré mucho de verte tan "morenito". Se vé que, arriba de la capa de nubes te tuestas más rápidamente que en las largas jornadas de pesca que acostumbrábamos a echarnos al cuerpo.

Pero avisa la próxima vez, que casi me cago del susto.

Segunda noticia. Y no la sabe nadie todavía, así que vas a ser el primero. Esta mañana he estado en tu casa para pagarle a tu hermana un arreglo que me hizo en el baño, y, hablando con tu querida madre, ha surgido la conversación, como siempre, acerca de tí. Y me ha dado a elegir una de tus cañas, que están apoyadas en la pared como tú las dejaste la última vez. Sin dudarlo me he llevado la del "Patriarca", caña con solera y tal vez mal fario, toda vez que no es de un muerto, sino de dos, que tiene guasa. Pero aún así corro el riesgo, porque ya sabes como nos las gastábamos Luís y yo al respecto cuando te veíamos ¿pescar? con ella. Está hecha una gorrinería; no esperaba menos tratándose de tí, pero confío en que podré volverla a la vida tras el paso por algunos lavados, cambio de sedal y cosas así.

Haz fuerza desde ahí para que se le vaya el gafe y pueda pescar con ella algo de provecho. Te prometo que, de ser así, estaré nuevamente agradecido contigo. Ya te contaré como quedo.

Y poco más, amigo, que no te sepa mal la comparación, porque está hecha desde el cariño, y me alegré un montón al recordarte, como siempre, pero esta vez más gráficamente. Y nada, que sigas tan "templao" como siempre y no  olvides que aquí, muchos te recuerdan.

Y yo te echo de menos cada día que pasa.

Tu amigo.

-Miguel-
 

 

 

 

lunes, 10 de enero de 2022

CARTAS A MI AMIGO. (Un año es mucho tiempo. Demasiado).

 

Querido Andrés:

Hoy hace exactamente un año que te fuiste sin avisar y, por primera vez me sorprendiste, aunque debo decir que ingratamente. Y es que siempre fuiste bastante informal, no te sepa mal, y así, hasta el último momento diste muestras de tu personalidad innata. Porque sí, porque era consustancial con tu peculiar forma de ser; porque únicamente te volvías, digamos “normal”, en lo que la gente entiende como tal, cuando se trataba de trabajo.

Era entonces cuando, tras tu sempiterno aspecto desaliñado surgía y se hacía presente otra persona radicalmente opuesta; es decir: llegabas puntualmente a la cita, incluso antes de tiempo, para cumplir con tu compromiso acordado. Y, para rizar el rizo, ¡hasta hablabas en castellano…..!. “Este no es mi Andrés, que me lo han cambiao”. Cuantas veces nos hemos quedando esperando Luís y yo a que aparecieras un sábado o domingo para ir a pescar, después de habernos dicho que venías.

Con el paso inexorable del tiempo se van diluyendo los recuerdos, o eso dicen, pero a día de hoy todavía persiste hasta el tono de voz con el que siempre empezabas, con ese “¿Com estàs…? que era el preludio de todo lo que viniera después. Ha pasado tiempo, pero no el suficiente todavía. Y soy consciente de que, como todo en esta vida, llegará un día en el que se irán difuminando, pero nunca serán olvidados del todo.

Te echo mucho de menos; ya te lo he dicho demasiadas veces, como queriendo auto consolarme ante lo que no puede ser. Mi “fontanero ilustrado” deja un hueco muy grande y muy difícil de llenar. Y no sólo por tu tamaño, que nunca fue obstáculo para nada, sino por la alegría que compartiste conmigo y con los que de verdad te quisieron. Eras el centro de la reunión, el que con sus  anécdotas y “xarrades” mantenía el tono festivo y alegre y hacías que a tu alrededor todo fueran risas.

No puedo decirte más de lo que en todo este año pasado he intentado transmitirte. Esta misma tarde iré a tu pueblo para recordarte como no pude hacer en su día. Allá donde estés, si es que existe el Más Allá que hablamos en su día,  harás felices a los que te rodean.

Como siempre hiciste.

Pero eras incorregible y "cabut".

Fuiste el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro. Con esto está dicho todo sobre ti, pero, ¡joder!, te podías haber ahorrado la última palabra.

Hubiera estado bien.

Tu amigo.

-Miguel-

 

 

jueves, 7 de octubre de 2021

CARTAS A MI AMIGO. (El reencuentro; o lo más parecido a ello).


Querido Andrés:

Esta mañana he ido a verte, y he estado donde ni en el más remoto de mis pensamientos hubiera querido hacerlo, pero es lo que hay y no he tenido más remedio que hacerme el ánimo a duras penas. Hace mucho tiempo, ya lo sé, pero por unas cosas o por otras, por temor a verme en la situación que me he visto hoy, o por quien sabe qué lo he ido demorando más de lo normal.

Pero te lo debía.

 No sabía donde era, pero preguntando se va a Roma y así lo he hecho. Ha sido decir tu nombre y contestarme el empleado: ¿El fontanero…..?. Así de conocido eras. No es para menos. Y allí he visto tu foto tocando la dolçaina, en una imagen que te representa fielmente. Y allí se me ha vuelto a hacer un nudo en la garganta y un mar en los ojos al recordarte y, sobre todo, echarte mucho de menos.

Porque con la mierda esta de la pandemia ni siquiera nos dejó darte el último adiós en su día, debiendo tragarnos las lágrimas y la rabia a distancia, porque no era aconsejable acudir por el tema de las reuniones de más de quince personas. Aunque no dudo de que iría una multitud.

Tú no te merecías menos.

La última vez que nos vimos fue, como no, frente a un carajillo- que ya sé que tú café no tomaste nunca- cuando viniste a mi casa a rejuntar el plato de ducha, y nadie podía imaginar lo que estaba por llegar. Te noté cansado, nada demasiado extraño cuando trabajabas, por el tipo de trabajo tan pesado que hacías, pero, sobre todo te encontré triste; no era tu estado natural, como si estuvieras incubando la enfermedad, cosa que era altamente probable y no lo sabías. Siempre encontrabas algo para venirte arriba y soltar algo gracioso.

Hoy he estado también en tu casa. No podía estar en el pueblo sin pasar a visitar a tu familia, y he visto a tu madre y a tu hermana, pero no a ninguna de las Marías. No importa. Ellas saben que me acuerdo. Allí, junto a la entrada, en un lado estaban tus cañas, como las dejaste el último día, preparadas para otra sesión con tus amigos, para otra nueva “porra” o una buena “peixquera”. ¿Quién sabe?. Es altamente probable, y a la experiencia me remito que, quizás hurgando en tu bolsa de los aparejos todavía se pueda encontrar algún resto de cebo o tal vez alguna “cameta” con el gusano ensartado. ¿Sería muy raro?.

Tu madre me ha dicho que tus últimas palabras para con tu mujer fueron algo así como “Me encuentro muy mal. Cuidéuse”. A pesar de tú eras el que estaba a punto de dejarnos, a pesar de eso tuviste que mirar por los demás, con tu generosidad inmensa, y mirar porque no les pasara nada.

Tú eras así. Un hombre bueno.

Por eso te agradezco que fueras mi amigo, porque no abundan los tipos como tú y, los pocos que hay, cuesta mucho encontrarlos. Y contigo fue muy fácil. En realidad tú hiciste lo principal; fue muy sencillo llegar a quererte y continuar haciéndolo desde la distancia infinita que nos separa.

Tu amigo.

-Miguel-

martes, 28 de septiembre de 2021

CARTAS A MI AMIGO. (¡Qué divertido es esto de la pesca.....!)

 

Querido Andrés:

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te escribí, lo sé y lo siento, pero en mi vida también han surgido complicaciones que me han hecho olvidar la cita que regularmente tenemos para contarnos, o más bien contarte lo que pasa por aquí.

Un verano entero sin ti, el primero de todos los que me quedan por pasar y se hace duro. Muchos recuerdos vuelven a pasar factura muy a mi pesar, pero como siempre se ha dicho: el mundo gira y hay que seguir viviendo, para bien o para mal. Y eso hago, o al menos lo intento, pero créetelo, es jodido. Mucho. La verdad es que casi no he ido a pescar, en parte porque no hay Dios que pesque una mierda y también porque ni he tenido tiempo ni el mar estaba por la labor. Y no son excusas, ya que hasta Luís se ha prodigado poco.

Y hablando del ruin de Roma te lo tengo que contar o reviento. Resulta que estuvo de vacaciones en Septiembre y yo, por entonces, estaba ocupado con temas familiares, con lo cual no nos hemos juntado excepto para almorzar el domingo pasado. Pero te cagas lorito. Se va una mañana al panorama y, entre otras piezas pesca una dorada de más de tres kilos con la caña de corcho.

  Mira que contento está el mamón. Me contaba que tardó veinte minutos en poderla sacar del agua y con ayuda de un salabre, por supuesto.

Ya sabes de la “lana” que siempre tiene, lo cual no obsta para admitir que es uno de los mejores pescadores de la “contorná”, y no te digo más si lo comparamos contigo y conmigo. Pá mear y no echar gota. Si llegamos a estar presentes no sé lo que habría podido pasar. Lo que desconozco por completo es si la pescó valiéndose de “la técnica” o con buenas artes. Nunca lo sabremos. La cuestión es que te adjunto la foto para que te chirríen los dientes.

¿Recuerdas cuántas doradas sacamos el Julio pasado tú y yo?.

Como sabes que no creo en todas esas cosas, te dije una vez que, si tenías a bien intentar comunicarte conmigo desde donde estés –cosa que dudo- solamente tenías que hacer que pescara un sargo real grandecito para convencerme. No ha sido así, pero mejor, porque si alguna vez pasara algo así me iba a cagar del susto y a replantearme desde cero el ir a hablar con la Iglesia. Y eso no está en mi ánimo.

Aquí seguimos embozados con la puñetera máscara porque la pandemia continúa tocando las narices y se pasa mal. Imagínate tú todo el día con ella puesta con estos calores, pero no hay manera de acabar con esto. Yo no sé cuándo podré tirarla a la basura para siempre y volver a respirar normalmente, o al menos, como dicen los políticos, con “la nueva normalidad”. Que hay que joderse con la palabrita.

Me contó María que tu hija sacó unas notas excepcionales, con un diploma honorífico incluido, y eso me hizo sentirme tan orgulloso como si fueras tú. Por un momento me puse en tu piel e intenté absorber toda esa alegría para, posteriormente, transmitirte por el conducto que tenemos establecido tú y yo, la sensación más grande que podías albergar en tu cuerpo. Me lo permites, supongo.

Y poco más tengo que contarte. No pasan muchas cosas, y la mayoría no son tan buenas como quisiera, pero de vez en cuando está bien que te ponga al día y hablemos un poco, aunque sea epistolarmente y solo hable yo, que esa es otra. Pero me hago cargo de tus limitaciones.

El sello desde el Más Allá debe de costar un huevo.

Tu amigo.

-Miguel-