sábado, 20 de febrero de 2021

CARTAS A MI AMIGO. (La vida continúa, a nuestro pesar).

 

Querido  Andrés:

Hoy es mi cumpleaños y, a buen seguro que, de no estar pasando la pandemia, estaríamos celebrándolo en el Faro con un almuerzo, como de costumbre. Pero no puede ser, primero porque falta el ingrediente principal y el más importante, tú, y segundo por culpa del confinamiento perimetral al que estamos sometidos, sin poder salir de la ciudad hasta nueva orden.

A menudo he pensado en que, con el correr de los años se nos iría haciendo más y más difícil triscar como las cabras por las peñas que nos llevan a las peixqueras. Ya sabes que casi habíamos descartado la idea de volver a pescar en la piedra plana, por lo jodido que era llegar hasta allí, que las piernas ya no son lo que eran.

Y entonces me acuerdo con cariño de nuestro común amigo Sigfrido, el cual, con más atropello de la razón que sentido común, iba a pescar a lugares no muy recomendables por su estado físico. Pero él, cabut que cabut, allá que iba sin pensar en las consecuencias que podía tener; y no era porque no se había pegado buenos porrazos, pero le daba igual.

Cuántas veces le hemos tenido que llevar los trastos para que él pudiera manejarse con un mínimo de seguridad por las piedras. Seguramente le habrás visto ya por ahí; de lo contrario búscalo bien que no andará muy lejos, porque también se merece estar en el sitio bueno. Si lo encuentras le das un abrazo muy fuerte de mi parte.

Por todo lo que te estoy contando yo esperaba que, llegado el momento en que necesitara ayuda para ir a pescar, tú que eres más joven que yo, y además siempre dispuesto a ayudar, me echarías una mano, porque confiaba en que seguiríamos pescando mientras pudiésemos. Y luego Luís, que es más joven se tendría que ocupar de los dos. Es ley de vida.

Pero nuevamente se me caen los palos del sombrajo porque nada de esto, al menos en la parte que a ti te atañe, va a poder ser. Y lo lamento muchísimo. Te sigo –te seguimos- echando mucho de menos, y esto se agudizará el día en que pueda volver a Cullera y vaya a pescar sin encontrarte allí. Va a ser duro de verdad.

Nuestro común amigo Pepe, “Señor Pepe para ti” me cuenta que muchos de los contertulios de almuerzos, -que no puedo decir amigos, porque esa palabra la valoro mucho y, por tanto, la raciono-  leen lo que te escribo, y me instan a que siga haciéndolo. No necesito ánimos para ello, porque me sale de muy adentro, pero también me alegra que, en cierto modo, sigan manteniendo tu recuerdo con mis cartas.

Y poco más, amigo, que la vida está muy achuchá y vamos contemporizando poco a poco a la espera de que esta pandemia que nos ataca vaya perdiendo fuerza. Es algo que he llegado a considerar necesario, quizás como un justo castigo por lo que estamos haciendo a nuestro planeta y, por ende, a nuestra civilización, que seremos, no te quepa duda, los culpables de que desaparezca.

Mientras tanto, al igual que pasó con la peste negra y posteriormente con la gripe española (que ya sabes que de española nada, pero siempre es bueno que haya chiquillos para que paguen los platos rotos), como decía, estas dos y alguna más las considero como un mecanismo natural para regular la población mundial, que todos no cabemos, y somos muchos. En fín, lo que sea sonará.

Pero tú, como eres ajeno a estas veleidades humanas, disfruta todo lo que puedas. Es lo mejor que puedo desearte por cuanto que físicamente no podemos relacionarnos. Pesca, si te es posible, que peces no te faltarán. Eso creo.

Y, sobre todo, no te olvides de guardarme un sitio, porque te buscaré cuando llegue la hora.

Confío en ti, que para eso están los amigos.

Tu amigo.

-Miguel-

 

3 comentarios:

Fernando dijo...

Muy bonito Miguel.

Unknown dijo...

Esta molt be,y lo que contes es veritat.

Unknown dijo...

Que sepas que la leo muy a menudo me recuerda a Andrés con nuestros